Las Cicatrices de la deportación

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Era el viernes 28 de abril y nos encontrábamos trabajando en los preparativos para la cobertura del 1 de mayo de 2006, cuando un buen amigo mío llegó a mi oficina con una grabación en la mano. Me pidió que cerráramos la puerta de la oficina y entonces escuchamos la grabación. Lo que escuché esa mañana me impactó en lo más profundo de mi ser: era la declaración de una pequeña de 5 años de edad cuya madre había sido detenida por agentes de ICE –Migración- y deportada casi inmediatamente. La descripción de los eventos de esa mañana, hecha por una niña de 5 años, era más que profunda. Sus palabras sencillas, la ansiedad en su voz, el trauma de la separación y el llanto se convirtieron en una prueba más de las razones por las que es tan necesaria una reforma migratoria. Nos tomó casi un año el volvernos a poner en contacto con la familia y descubrir la forma en que los eventos de esa mañana transformaron sus vidas para siempre. La herida dejada por la separación ha sanado, de alguna manera, pero ahora, a medida que se acerca el Día de la Madre, la herida ha comenzado a sangrar una vez más para esta familia. Éste es el relato de los eventos ocurridos en el día en que una madre fue separada de sus hijos y obligada a vivir un infierno; lejos de sus seres amados, separada por un sistema que parece no tener piedad para nadie.

Fue gracias a los preparativos del primero de mayo de este año y a esos mismos amigos, que logramos ponernos en contacto con ellos una vez más y conversar con esta madre, a través del teléfono, y pedirle que nos contara su historia: Eran las primeras horas de una fresca mañana al principio de la primavera de 2006, cuando la vida de esta familia sufrió el más cruel de los giros, la separación forzada. Estela (cuyo verdadero nombre no daremos a conocer), se encontraba durmiendo cuando alguien llamó a la puerta. Ella se asomó a la ventana pero no pudo ver a nadie. Así que, ante la insistencia en la puerta, se puso una bata y bajó las escaleras para abrir la puerta. Al llegar preguntó quién era y una voz le respondió “La Policía”. “Abrí la puerta confiada, porque nosotros nunca hemos tenido ningún problema con la Policía” nos dijo Estela. “Me preguntaron si podían entrar y yo les dije que sí. Una vez adentro me dijeron, vístase señora, venimos a preguntar si usted conoce a esta persona y luego me mostraron la fotografía de un hombre, posiblemente somalí” continuó.

Estela subió a su habitación con toda tranquilidad. Se vistió y antes de bajar echó un vistazo a sus dos hijos. Mientras tanto, su esposo se había quedado conversando con los agentes en la sala de la casa.

“Nos hicieron muchas preguntas sobre el hombre de la fotografía y nos dijeron que se trataba de un peligroso delincuente” nos confesó Estela “Después de eso, se miraron uno al otro y sin decir más se aproximaron a mí y me dijeron “Señora está usted arrestada, tiene una orden de deportación pendiente y venimos por usted.” Su voz rompió en llanto y entre sollozos continuó diciendo “Fue un momento muy difícil para mí. Tenía a mi hijo muy pequeño y mi hija creí que estaba dormida” Después de una breve pausa nos dijo “inmediatamente me esposaron y no me dejaron ni siquiera despedirme de mis hijos. Mientras me sacaban pude escuchar los gritos de mi hija que decía “¡No se lleven a mi Mami, no se lleven a mi Mami!”” Una vez más el llanto interrumpió la conversación y tras unos segundos de evidente dolor, continuó entre sollozos “me esposaron de pies y manos y me trataron como que fuera un vulgar delincuente. Como si fuera un asesino.”

Estela fue deportada casi inmediatamente y tuvo que hacer arreglos especiales para que se le permitiera llevar con ella a su hijo pequeño que a penas empezaba a hablar y caminar. Su hija a penas tuvo tiempo de verla unos minutos antes de salir y la imagen de su madre esposada y tratada como un delincuente dejó una profunda huella en su memoria.

Su esposo y su hija se quedaron acá, en Estados Unidos, mientras ella y su hijo están en México. “Me parte el alma estar acá. Ya se acerca el cumpleaños de mi niña y no puedo preparar su fiesta de cumpleaños. Vamos a pasar otro cumpleaños separados y el día la madre y quién sabe cuánto tiempo más…” nos dijo. “Mi hijo pregunta por su Papá y su hermana, pero lo que más me duele es que todo el tiempo que viví en Estados Unidos lo hice honradamente. Trabajé muy duro. Pagué todos mis impuestos. Seguí las reglas. Aprendí Inglés. Nunca le robé nada a nadie y todo lo que compramos mi esposo y yo fue gracias al fruto de nuestro trabajo. Me duele que me hayan tratado como criminal. Nunca he matado a nadie pero así fue como me trataron. Si no hacemos algo, las vidas de muchos niños, como los míos, quedarán marcadas. Hablo de vidas de ciudadanos estadounidenses que tienen derecho a estar allá y a vivir con sus padres” dijo entre llanto.

“Este es el momento de lograr una reforma migratoria” continuó “en la televisión veo todos los días que están deteniendo a doscientos o trescientos trabajadores y pienso en esas madres y esos hijos, lo que estarán sufriendo y el dolor de estar separados.” Concluyó.

El testimonio de esta madre habla por sí solo y explica las penalidades y el dolor de la separación debido a la politización del tema migratorio y por la falta de interés y de entusiasmo para lograr una reforma migratoria. En medio del torbellino, miles de familias están siendo destrozadas y las vidas de niños, ciudadanos, nacidos en Estados Unidos, están siendo transformadas de una manera dramática. Los mitos y mentiras tampoco han quedado fuera y, tal y como Estela relata, personas honestas, que han pagado sus impuestos, contribuido al desarrollo del país con su trabajo, aprendido el idioma y participado en su comunidad están siendo deportados. Su único crimen: cruzar sin documentos la frontera.